Pedro Castillo, el Evo Morales peruano

Izquierdista económico pero conservador en lo moral: está contra el aborto, las parejas gais o la educación sexual

ROBERT MUR,BUENOS AIRES. CORRESPONSAL
01/05/2021
Quién es Pedro Castillo? No solo es el interrogante que trata de resolver este perfil, sino también la pregunta que se hacían muchos limeños la noche del 11 de abril cuando este maestro rural y sindicalista dio la sorpresa al ganar la primera vuelta electoral en Perú. Un desconocimiento que se producía en Lima pero no en las regiones andinas, donde el candidato populista de extrema izquierda arrasó, sacando a la luz el larvado malestar de la postergada población campesina y de origen indígena contra la élite política de la capital.

La irrupción de Castillo descolocó al establishment y a los institutos de opinión que apenas un mes antes de la primera vuelta le otorgaban un resultado marginal y acabó imponiéndose con casi el 19% de los votos, en una atomizada elección a la que concurrieron 18 candidatos presidenciales. En segundo lugar quedó la populista de derecha Keiko Fujimori (13,4%), contra quien Castillo se medirá el 6 de junio.

La polarización estaba servida. Dos populistas con propuestas antagónicas, aunque uno era casi un desconocido frente a la popular hija del dictador Alberto Fujimori. Sin embargo, las encuestas ya sitúan a Castillo como favorito, a poco más de un mes de los comicios, duplicando en sufragios a su rival. El profesor de 51 años obtendría el 41,5% de los votos, frente al 21,5% de Fujimori, según el sondeo de La República del domingo pasado, con un 13,5% de indecisos y un elevado número de peruanos que piensan votar en blanco (21%), reflejando la crisis institucional que arrastra Perú en los últimos años, con todos sus expresidentes contemporáneos bajo la sombra de la corrupción o el tráfico de influencias.

La aparición de Castillo es una consecuencia de la descomposición de la clase política tradicional y del sistema de partidos, pero también del hartazgo del marginado mundo andino tras años de promesas incumplidas por gobiernos centralistas. Por eso, el sindicalista se impuso en 16 de las 24 regiones peruanas, alcanzando la mitad de los votos en algunas de las más pobres, como Apurímac o Ayacucho.

Pobres como Cajamarca, su región natal, que paradójicamente alberga Yanacocha, el yacimiento de oro más grande de Sudamérica. Castillo nació en 1969 en una familia de nueve hermanos en Puña, una aldea remota donde ejerce de profesor de primaria. Cuenta con un máster en Psicología Educativa y está casado con otra maestra, Lilia Paredes, con la que tiene tres hijos.

El único momento de fama nacional de que había gozado Castillo hasta ahora fue durante la huelga de maestros de 2017

El único momento de fama nacional de que había gozado Castillo hasta ahora fue en el 2017, durante la huelga de maestros que paralizó la educación pública durante dos meses y medio. Jefe del comité de lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep), se destacó como uno de los dirigentes más duros de aquel conflicto. Tras distanciarse de la dirección del Sutep, fundó la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación del Perú y se convirtió en su secretario general.

Castillo es el candidato de Perú Libre, partido con ideario marxista-leninista fundado por el exgobernador de la región de Junín, Vladimir Cerrón, neurocirujano formado en Cuba y admirador del castrismo, que es el autor de su programa electoral. No obstante, Castillo reitera que no es marxista y se autodefine con etiquetas y frases populistas como “estamos en el seno del pueblo” o “solamente el pueblo salvará al pueblo”, aunque reconoce su “tendencia netamente izquierdista”.

En mítines y entrevistas usa un discurso muy básico, a veces lleno de contradicciones o afirmaciones inciertas, donde enumera sus postulados económicos progresistas, como aumentar el presupuesto de salud y educación, apoyar la agricultura o renegociar los contratos con las mineras y otras industrias extractivas, a la vez que propone frenar la explotación de los recursos naturales para preservar el medio ambiente. Castillo persigue un “cambio estructural” y quiere sustituir la Constitución fujimorista de 1993, que consagra la “economía social de mercado” por una nueva carta magna basada en una “economía popular con mercados”.

No obstante, el profesor encarna también a la izquierda más moralmente anacrónica. Católico influenciado por la religiosidad rural, Castillo está en contra del aborto, la eutanasia, los matrimonios gais y la educación sexual y de género en las escuelas, además de ser favorable a la mano dura policial y a una fuerte regulación de los medios de comunicación.

Esta postura ante derechos individuales es el principal argumento del escritor peruano Mario Vargas Llosa, abanderado del liberalismo y el antifujimorismo, para pedir el voto para Keiko Fujimori, aunque pese también un discurso económico izquierdista que ya asusta a los mercados y al establishment. Castillo propone dejar de pagar la deuda externa para fomentar el crecimiento interno. “De acá a unos veinte o treinta años el Perú debe llegar a ser un modelo para el resto de países”, repite el contradictorio candidato que, entre el 2005 y el 2017, fue dirigente regional de Perú Posible, el partido centroderechista del expresidente Alejandro Toledo (2001-2006).

Con un programa marxista, propone una nueva Constitución o renegociar contratos con las mineras

Sus detractores, como Fujimori o Vargas Llosa, insisten en vaticinar que Perú se convertirá en Cuba o Venezuela si gana Castillo, a quien la prensa de orden trata de asociar al término terruco (terrorista), vinculándolo sin pruebas con la desaparecida guerrilla maoísta Sendero Luminoso. También se equipara su programa con el de la dictadura militar revolucionaria del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Y otros analistas ven más similitud con el proyecto del indígena y sindicalista cocalero Evo Morales, expresidente de Bolivia (2006-2019), aunque el candidato no haga énfasis en el indigenismo. Castillo sí reconoce el ejemplo boliviano, pero reniega una y otra vez del castrismo y el chavismo con la siguiente frase: “Perú no será como Cuba y Venezuela, crecerá con su propia identidad”.

Defensor de las costumbres rurales, Castillo hace gala también de su condición de rondero , miembro de las patrullas de autodefensa vecinales que nacieron en 1976, precisamente en Cajamarca, para combatir inicialmente el robo de ganado y luego cualquier delito. Castillo recorre estos días Perú sin quitarse el característico sombrero de paja palma cajamarqueño, que ya se ha convertido en su símbolo de identidad y con el que acudió a votar en la primera vuelta montado a caballo, tal y como se prevé que vaya a sufragar el 6 de junio, una jornada que le puede llevar a vivir a la Casa de Pizarro.

 

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