Muere Juan Guzmán, el juez chileno que se atrevió a procesar y detener a Pinochet

El exmagistrado, fallecido este viernes en Santiago a los 81 años, realizó una metamorfosis que le llevó de aplaudir el golpe de Estado a convertirse en la particular bestia negra del dictador

ROBERT MUR,BUENOS AIRES​CORRESPONSAL (23/01/2021)

Juan Guzmán brindó con champán el 11 de septiembre de 1973 cuando Pinochet dio el golpe. Años después, el juez lloraría al escuchar los testimonios de las víctimas de la dictadura chilena, antes de procesar y detener al exdictador. Guzmán falleció este viernes en Santiago a los 81 años.

Al enterarse de la muerte del presidente Salvador Allende, el champán se le atragantó, pero no fue hasta que Guzmán comenzó a trabajar como relator de recursos de detenidos por el régimen militar en el Tribunal de Apelaciones -sistemáticamente ignorados por la cúpula judicial-, cuando empezó a darse cuenta, como buena parte de la clase acomodada conservadora democristiana, de que la dictadura era un gobierno criminal.

Antes de procesarlo y ordenar su arresto
Guzmán interrogó en dos ocasiones a Pinochet en su domicilio

La conversión definitiva llegó a finales de los noventa. Hasta entonces Guzmán seguía creyendo, como muchos chilenos, que el saldo era positivo y Pinochet había librado a Chile del comunismo para convertir al país en el tigre económico de Latinoamérica. Considerado un juez conservador y católico –había admitido un recurso para impedir la proyección de La última tentación de Cristo-, el juez se hizo cargo en 1998 de la primera causa contra Pinochet por la “Caravana de la muerte”, la comitiva militar que recorrió el país en los días posteriores al golpe asesinando a dirigentes políticos, sociales y campesinos.

“No pude retener las lágrimas en muchas ocasiones en que me fueron narradas escenas de torturas; de torturas de la mujer delante de su marido y viceversa, de introducción de objetos dentro del cuerpo de las mujeres o de los varones. En más de una ocasión me emocioné y no pude sujetar las lágrimas”
Juan Guzmán
2005

Poco después de iniciar la investigación, Pinochet era detenido en Londres por orden del juez español Baltasar Garzón, en aplicación de la justicia universal por crímenes de lesa humanidad. Al año y medio, el gobierno británico rechazó la extradición a España del general gracias precisamente a la causa instruida en Chile por Guzmán y alegando que no estaba en condiciones médicas de ser juzgado.

El exdictador contaba con inmunidad como senador vitalicio, todavía tenía máxima influencia sobre las Fuerzas Armadas y estaba protegido por el estamento judicial y la clase política de izquierda y derecha, en el marco del pacto no escrito de la transición. Nadie imaginó que Guzmán llegaría tan lejos. Pocos días después de aterrizar en Chile a principio del 2000 –cuando se levantó a modo de burla de su silla de ruedas-, Pinochet perdería la inmunidad parlamentaria a petición del juez, que a finales de ese año acabaría interrogándolo en su casa, procesándolo y ordenando su detención domiciliaria. A los pocos meses, la Corte Suprema sobreseería al general por considerar que padecía demencia senil.

“No pude retener las lágrimas en muchas ocasiones en que me fueron narradas escenas de torturas; de torturas de la mujer delante de su marido y viceversa, de introducción de objetos dentro del cuerpo de las mujeres o de los varones. En más de una ocasión me emocioné y no pude sujetar las lágrimas”, dijo Guzmán a este corresponsal en una entrevista en 2005.

El año anterior, el magistrado había vuelto a interrogar a Pinochet, procesándolo y arrestándolo de nuevo, en ese caso por la Operación Cóndor. La Corte Suprema había revocado su propia calificación de demencia, reabriendo así los procesos contra el general, concentrados inicialmente en Guzmán, que llegó a recibir 300 denuncias contra el exdictador.

Aquella entrevista a La Vanguardia tuvo lugar después de acompañar al jurista a su primera visita a Villa Grimaldi -el centro de torturas más tristemente emblemático de Santiago- tras abandonar la judicatura. Con 66 años, Guzmán se convirtió en 2005 en decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Chile, desestimando continuar con su carrera judicial, pues había perdido cualquier opción de ser nombrado miembro de la Corte Suprema, enemistado con sus superiores, con la derecha y con el gobierno de la Concertación presidido por el socialista Ricardo Lagos, que ejerció infructuosas presiones para que se olvidara de perseguir a Pinochet.

“La transición chilena finalizará cuando se modifique la Constitución plenamente y sea totalmente democrática”
Juan Guzmán
2005

“La transición chilena finalizará cuando se modifique la Constitución plenamente y sea totalmente democrática”, declaró también Guzmán, que fallece unos meses después de que los chilenos aprobaran en referéndum finiquitar la carta magna de la dictadura.

Pinochet no moriría hasta el año siguiente y entonces el ya exjuez, liberado de la discreción que demostró siempre como magistrado, explicó a este diario que nunca creyó en la demencia senil del exmandatario. “En cuanto a sus facultades mentales, conservaba la misma arrogancia de siempre”, dijo al comparar el interrogatorio que realizó al general en 2004 con el primero, cuatro años antes.

Guzmán también destacó la frialdad y el sadismo que le transmitieron algunos de los torturadores y represores. El juez instruyó otros casos conocidos como Calle Conferencia u Operación Colombo; procesó a la cúpula de la policía política de la dictadura, con el general Manuel Contreras a la cabeza; y recorrió el país buscando evidencias de los crímenes de lesa humanidad, reuniendo 1.500 osamentas, identificando veinte cuerpos de detenidos desaparecidos o incluso rescatando del Pacífico raíles que habían sido adosados a opositores arrojados al mar.

Guzmán pasará a la historia como el primer magistrado chileno que se atrevió a procesar y arrestar a Pinochet pero para quienes lo conocimos quedará en el recuerdo como una buena persona y un juez humano que creyó en la justicia imposible.

 

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