ESPECIAL: Chilenos combaten el hambre con sistema de “ollas comunes”

Por Cristóbal Chávez Bravo

SANTIAGO, 15 oct (Xinhua) — Para luchar contra el exponencial aumento del hambre durante la pandemia, cientos de chilenos se han organizado a través de las “ollas comunes”, un sistema de alimentación comunitaria que incluye huertas y hasta composteras autogestionadas.

Sebastián Venegas, en la región de Valparaíso, a una hora de la capital chilena, recorre el cerro Molino desafiando la topografía de pendientes y quebradas.

El porteño busca donaciones y ayuda para abastecer las ollas comunes que alimentan a los mismos vecinos del territorio donde vive.

Venegas es parte del Cordón Siete Cerros, una organización que agrupa, como indica su nombre, a siete cerros con la misión de paliar el hambre en Valparaíso.

Sebastián Gómez, integrante de esta organización, comentó a Xinhua que las ollas comunes alimentan de lunes a viernes a unas 200 personas.

“Cuando viene la pandemia a declararse en esta parte del continente, nosotros vimos que había mucha hambre y mucha inseguridad en torno a los abastecimientos, sobre todo de los adultos mayores”, comentó.

Las raciones las preparan gracias a donaciones de mercadería y dinero, además de colaboraciones con ferias hortofrutícolas de Valparaíso y la participación en la red latinoamericana Pueblo a Pueblo, una organización de compras de productos agrícolas directas con el productor, sin mayores intermediarios.

Estivalia López, también del Cordón Siete Cerros, dijo a Xinhua que la agrupación nació antes de la pandemia, porque tras el estallido social chileno de octubre pasado hubo repercusiones en los puestos de trabajos, un escenario que se agudizó con la pandemia.

El cordón comunitario también gestiona actividades culturales, campañas para la protección de la infancia y del adulto mayor y, en el caso de las ollas comunes, la repartición de porciones a los hogares cuando el necesitado no puede ir a retirarla.

El trabajo territorial no sólo considera a personas, sino también a la tierra, porque algunas ollas comunes se abastecen con huertas de los propios vecinos. Además, los desechos orgánicos son utilizados en composteras.

En las quebradas del cerro Molino brotan imponentes acelgas y lechugas que enaltecen las preparaciones solidarias, y pronto se establecerán huertas de zanahoria.

“Las composteras son un punto principal para nosotros en la olla (…) todos nuestros desechos orgánicos ahora están sirviendo como abono, entonces estamos viendo, también, una especie de agricultura circular”, destacó Sebastián Gómez.

Las ollas comunes se han extendido en todo Chile. Por esta razón, la socióloga Paloma Ahumada comenzó desde mayo pasado a sistematizar todas las cocinerías populares en Chile.

Ahumada creó en Twitter la cuenta “La olla común”, que utiliza para coordinar y difundir a las organizaciones que combaten el hambre en el país sudamericano.

Detalló a Xinhua que tiene contacto directo con 100 ollas comunes en Chile, pero en su catastro registra 490 que abarcan desde Arica, en el extremo norte, hasta Punta Arenas, en la zona austral. Incluso, hay ollas comunes en la Isla de Pascua, en la Polinesia y a 3.500 kilómetros del territorio chileno continental.

Para Ahumada, en junio pasado “fue un momento muy oscuro en las ollas comunes, porque era mucha la necesidad”.

En el sexto mes del año, los vecinos de varias ollas comunes repartían las porciones a domicilio porque “había mucho contagio, y los vecinos que estaban contagiados no tenían acceso a alimentación y tampoco podían salir”.

“También hubo muchas muertes (por la pandemia), incluso nosotros tuvimos que hacer campañas internas entre las mismas ollas para generar recursos para comprar sepulturas”, recordó.

Según su registro, cada olla común alimenta, en promedio, a unas 100 personas al día, lo que totaliza 70.000 requirentes diarios en el territorio chileno.

“Y es una estimación, porque el fenómeno de la olla común es muy dinámico socialmente, se van cerrando ollas, pero los vecinos se van cambiando de territorio. Es bien complejo territorialmente el fenómeno de las ollas comunes”, reflexionó.

Para la socióloga, el problema en Chile no es el acceso al alimento. “Tú puedes ir a un supermercado y encontrar lo que quieras (…) el problema es que hay gente que no tiene los recursos para acceder al producto”.

“En otros países la cadena de abastecimiento se quebró, pero acá, en Chile, lo que se acabó fue el dinero de las familias”, lamentó.

 

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